Durante la tarde del 8M la escultura fue intervenida, pero horas más tarde ya había sido nuevamente pintada de blanco, lo que sorprendió tanto a participantes de la marcha como a ciudadanas.
Cada 8 de marzo, durante las movilizaciones del Día Internacional de la Mujer en Tuxtla Gutiérrez, un monumento se vuelve protagonista: la cabeza maya.
La escultura suele ser intervenida, en una acción que muchas voces identifican como iconoclasia, es decir, la intervención o cuestionamiento de símbolos públicos.
Este año no fue la excepción. Durante la tarde del 8M la escultura fue intervenida, pero horas más tarde ya había sido nuevamente pintada de blanco, lo que sorprendió tanto a participantes de la marcha como a ciudadanas.
Este monumento forma parte de una historia más amplia: la de los monumentos que han existido y desaparecido en Tuxtla.
La avenida Central ha sido escenario de múltiples esculturas y monumentos que marcaron distintas épocas de la ciudad y con el paso de las décadas aparecieron nuevas figuras y espacios simbólicos: bustos, fuentes y monumentos que buscaban representar la identidad de la capital chiapaneca.
El antecedente de la hoy cabeza maya se remonta a unas esculturas de guerreros mayas que estaban ubicadas en lo que en ese entonces fue la salida poniente de Tuxtla.
En el año 2000, en esa misma zona se instaló la actual cabeza monumental inspirada en Pakal, uno de los gobernantes más representativos de la cultura maya.
Mientras algunos monumentos de Tuxtla quedaron sólo en la memoria de la ciudad, la cabeza maya continúa en pie: un símbolo que, entre historia, protestas y transformaciones urbanas, sigue formando parte del paisaje y de la identidad de la capital chiapaneca.