La tradición florece cada abril cuando mujeres elaboran y llevan ofrendas de flores de mayo entre marimba, baile y devoción para honrar a San Marcos Evangelista, llenando de color, identidad y fe las calles hasta la Catedral.
Cuando los primeros rayos de una mañana de abril inundaron el antiguo valle de ‘Coyatocmó’, un séquito de mujeres se empezaron a dar cita y reunirse para elaborar las ofrendas tradicionales dedicadas a San Marcos evangelista.
Con música de marimba de fondo, una a una fueron costuradas las flores de mayo, que perfumaron el espacio con su característico perfume.
El ambiente de fiesta no se hizo esperar y las mujeres ataviadas con la indumentaria característica de la mujer tuxtleca, camisa de vuelo y nagüilla de vishí, bailaron y gritaron vivas al son de la marimba.
Antes de que el sol llegara a su punto más alto, el contingente partió al son del tambor y carrizo junto con las ofrendas, las flores costuradas fueron llevadas por las mujeres que las elaboraron.
El somé y los ramilletes encabezaron el recorrido. Las calles del corazón de la capital chiapaneca se vistió con las flores recolectadas para ofrendar al santo patrón.
Cuando el reloj marcó el mediodía, el contigente fue recibido en la Catedral de Tuxtla, ahí entregaron las ofrendas y pudieron adornar el altar e imagen principal.
Finalmente quienes asistieron a esta celebración se dispusieron a escuchar la misa principal del día y seguir celebrando a su santo patrono, San Marcos Evangelista.