Músicos tradicionales advierten sobre desinterés de nuevas generaciones en aprender sonidos heredados.
En Tuxtla Gutiérrez, San Fernando y Ocozocoautla, la música zoque sigue marcando el ritmo de festividades y rituales, pero enfrenta una amenaza silenciosa: el desinterés de los jóvenes por aprender esta tradición ancestral.
Tambores, carrizos, jaranas y guitarras conforman el patrimonio sonoro que acompaña celebraciones como Carnavales, la Virgen de Candelaria y la Santa Cruz en estas comunidades chiapanecas. Cada pueblo conserva su propia interpretación de estos sonidos heredados, reflejando identidades culturales diferenciadas que han pervivido durante generaciones.
Francisco Velázquez, Consejero de la Mayordomía de Tuxtla y músico tradicional, subraya que “la música es ritual” y forma parte integral de las festividades comunitarias. Sin embargo, reconoce el desafío actual: transmitir no solo la técnica instrumental, sino el respeto, la disciplina y el valor cultural que existe detrás de cada son zoque. “Es importante enseñando”, afirma en referencia a la responsabilidad de los guardianes de la tradición.
Iván Gutiérrez, músico y artesano de San Fernando, advierte que “son muy pocos” los jóvenes dispuestos a dedicarse a esta música. Señala que la competencia de distracciones modernas, particularmente el teléfono móvil, ha alejado a las nuevas generaciones de los aprendizajes tradicionales que demandaban tiempo, concentración y compromiso comunitario.
Para los chiapanecos, esta crisis cultural representa una amenaza a la identidad zoque. La música tradicional no es solo entretenimiento: es un vehículo de memoria colectiva, cohesión social y conexión con ancestros. Su pérdida significaría el debilitamiento de prácticas que definen la cosmovisión de estas comunidades en la región de los Altos y centro de Chiapas.
Los promotores culturales y músicos tradicionales reconocen que el reto actual va más allá de formar intérpretes: se trata de revitalizar un tejido social donde la música ritual ocupe nuevamente un lugar central en la vida de los jóvenes zoques, compitiendo con las dinámicas de la modernidad.
Este fenómeno se replica en varias comunidades indígenas de Chiapas, donde tradiciones musicales, danzas y rituales enfrentan presiones similares por cambios generacionales y urbanización acelerada.