Con ‘la floreada’ se reciben a los nuevos priostes en Tuxtla

Escrito el 28/05/2026
Gustavo Caballero

Gonzalo Gurría y Rosario Jonapá fueron nombrados como nuevos priostes del arquito del Señor del Cerrito e iniciarán oficialmente en 2027 una nueva responsabilidad dentro de los cargos tradicionales de la ermita.

En la Ermita del Señor del Cerrito de Tuxtla Gutiérrez, la comunidad zoque desarrolló este sábado 23 de mayo la floreada, ritual ancestral de bienvenida a los nuevos priostes que asumirán cargos en la estructura tradicional de la ermita.

Gonzalo Gurría y Rosario Jonapá fueron nombrados como nuevos priostes del arquito del Señor del Cerrito. Tras concluir en 2026 su encomienda de tres años al frente de la misa del Señor del Cerrito, iniciarán oficialmente en 2027 una nueva responsabilidad dentro de los cargos tradicionales de la ermita. La ceremonia de la floreada marca simbólicamente este tránsito.

Durante la jornada, priostas, priostes, familiares e invitados ensartaron flor tras flor para adornar el altar y vestir la ermita. El recinto se transformó gradualmente; el aroma de las flores impregnó el ambiente mientras quedaba cubierto de colores, como señal de bienvenida para quienes asumiría el nuevo compromiso. La floreada es el acto donde las y los priostes de distintos cargos reciben a quienes se integran a la estructura tradicional y tendrán la tarea de organizar y sostener futuras festividades.

Para los chiapanecos de raíces zoques, este ritual representa la continuidad de un sistema de cargos comunitarios que ha perdurado siglos. La Ermita del Señor del Cerrito es uno de los últimos espacios de Tuxtla donde se preservan estas prácticas ancestrales, manteniendo viva la cosmovisión y la fe de la comunidad zoque en la capital estatal.

Cuando la tarde avanzó y la costumbre estaba por concluir, comenzó el nama namá, danza tradicional donde priostes y priostas se incorporaron para bailar, cerrando así una jornada donde la fe y la tradición volvieron a encontrarse. Este ciclo de tres años para cada cargo garantiza la rotación de responsabilidades y la participación comunitaria en la preservación del espacio sagrado.

La floreada continúa transmitiéndose de generación en generación entre las paredes de la Ermita del Señor del Cerrito, lejos de desaparecer, floreciendo como testimonio vivo de la resistencia cultural zoque en Tuxtla Gutiérrez.