Cocineras tradicionales de Tuxtla preservan la receta única del mole chiapaneco que ha sido transmitida por generaciones.
En las cocinas tradicionales de Chiapas persiste un sabor que se distingue del resto del país. El mole tuxtleco, preparado desde hace generaciones, guarda una receta única que lo convierte en una de las expresiones gastronómicas más auténticas de la región.
A diferencia del mole poblano o del oaxaqueño, el mole chiapaneco apuesta por ingredientes sencillos y sabores más dulces, formando parte de una receta que se ha mantenido viva durante décadas. Según explica Leticia Díaz, cocinera zoque y maestra en la preparación de este platillo tradicional, la combinación de ingredientes como el azúcar y el chile ancho define el carácter único de esta preparación.
Cada familia en Tuxtla y Chiapas guarda sus secretos culinarios, pero muchas recetas han sobrevivido gracias a la tradición oral y al aprendizaje dentro de las cocinas. Así fue como la maestra Leticia Díaz aprendió este platillo, siguiendo paso a paso los saberes transmitidos por su madre y sus tías. “Este mole ha sido preparado en mi familia durante muchos años”, comenta Díaz, quien reconoce el valor de mantener vivas estas prácticas culinarias ancestrales.
Para los chiapanecos, especialmente en Tuxtla Gutiérrez, este mole representa más que un platillo: es un vínculo con la identidad cultural del estado. Su presencia en mesas festivas y celebraciones marca la diferencia entre la cocina regional y otras tradiciones culinarias del país. La preservación de esta receta garantiza que las nuevas generaciones conozcan y degusta los sabores que caracterizaron a sus antepasados.
La transmisión del conocimiento culinario en Chiapas ocurre principalmente dentro de los espacios domésticos, donde madres, tías y abuelas enseñan a sus hijas e hijos los pasos precisos para lograr ese balance particular entre dulce y sabor. Cocineras como Leticia Díaz reconocen que compartir este conocimiento es una responsabilidad que va más allá de la gastronomía: es preservar la identidad misma de Tuxtla y de Chiapas.
Hoy, la labor de cocineras tradicionales busca que las nuevas generaciones mantengan vivo este sabor que distingue al estado. Díaz expresa su compromiso al respecto: “Yo me siento obligada a transmitir esto porque es la verdad de nosotras, de nuestra gente”. En un contexto donde las costumbres culinarias se transforman rápidamente, iniciativas de preservación como estas garantizan que saberes ancestrales no desaparezcan de las mesas chiapanecas.