Con las primeras lluvias de junio, miles de hormigas nucú emergieron en la Depresión Central de Chiapas, manteniendo viva una tradición culinaria.
Con las primeras lluvias de junio, miles de hormigas nucú emergieron en la Depresión Central de Chiapas, marcando el inicio de una esperada temporada. Familias chiapanecas salieron a recolectar estos insectos, manteniendo viva una valiosa tradición gastronómica en la región.
La aparición del nucú, científicamente conocido como Atta mexicana y localmente como chicatana, es un fenómeno natural que cada año se repite con la llegada de las primeras precipitaciones. En los primeros días de junio, este ‘antiguo anuncio’ volvió a manifestarse en la Depresión Central de Chiapas, donde miles de estas hormigas aladas brotaron de sus hormigueros. Su emergencia se produce principalmente durante la noche y las primeras horas de la madrugada, un período crucial para los recolectores que esperan este evento con anticipación.
Este evento natural desencadenó una movilización comunitaria en distintos municipios de la región, destacando Chiapa de Corzo y Suchiapa. Familias enteras, equipadas con cubetas, bolsas y lámparas, salieron a las calles, patios y terrenos baldíos para la recolección. La urgencia es clave, ya que la ventana de oportunidad es breve: las hormigas pierden sus alas rápidamente o desaparecen entre la vegetación con la salida del sol, lo que hace de cada aparición una oportunidad única para obtener este apreciado ingrediente de la cocina tradicional chiapaneca.
Para los chiapanecos de la Depresión Central, la temporada de nucú representa mucho más que la simple recolección de un alimento exótico; es la reafirmación de una identidad cultural y gastronómica profundamente arraigada. Este evento anual no solo provee un ingrediente único para platillos tradicionales como el famoso pozol de nucú, las tostadas o las salsas picantes que acompañan diversos guisos, sino que también fomenta la convivencia familiar y comunitaria. Es una práctica ancestral que se transmite de generación en generación, donde abuelos, padres e hijos comparten el conocimiento sobre los mejores lugares y momentos para la recolección, fortaleciendo los lazos sociales y culturales.
La tradición de recolectar y consumir nucú tiene raíces profundas en la cultura chiapaneca, remontándose a tiempos prehispánicos, donde estas hormigas ya eran una fuente importante de proteína y un manjar valorado. Históricamente, su sabor único y su disponibilidad estacional las han convertido en un elemento distintivo de la dieta local, especialmente en las zonas rurales. En la era digital actual, esta costumbre ha encontrado una nueva plataforma: usuarios de redes sociales han compartido activamente videos y fotografías que muestran el emocionante proceso de prepararlos en casa y cómo tostarlos en el comal.
Mientras continúen las precipitaciones, la búsqueda y recolección del nucú seguirá formando parte de las noches y madrugadas en la Depresión Central, donde esta pequeña hormiga mantiene vivo uno de los sabores más emblemáticos de Chiapas.