El incidente registrado el pasado 6 de febrero en el tramo carretero Tuxtla – Chiapa de Corzo no solo dejó daños materiales, sino que evidenció una problemática latente: la falta de cultura vial y la indiferencia de las autoridades ante la infraestructura de movilidad.
Lo que ocurre en esta vía es la fórmula perfecta para una tragedia: rebase por la derecha, exceso de velocidad, cambios de carril sin precaución y peatones cruzando en pleno asfalto. Sin embargo, detrás de la imprudencia hay una carencia estructural severa.
La ausencia de infraestructura básica es evidente. Soila Andrade, vecina de la zona, denuncia la inexistencia de espacios seguros para el transporte público: “No hay paradas, no hay paradas ni para colectivo ni para nada”.
Esta situación obliga a los habitantes de colonias como Plan Chiapas, Pedregal San Ángel, Luis Ferro y Dependencia 2000 a arriesgarse diariamente. La urgencia es mayor debido a la presencia de estudiantes en la zona. “Urge un puente peatonal en la entrada de Pedregal San Ángel, porque hay que pasar de una colonia a otra. Hay que cruzar la carretera a la fuerza y no solo somos nosotros las personas adultas, sino niños”, enfatiza Andrade.
Infraestructura obsoleta, aunque existe una estructura en la zona, esta resulta inútil para la mayoría de la población. Los vecinos explican que el puente actual carece de accesibilidad, obligándolos a rodear largas distancias o, en su defecto, a correr entre los autos. “Como no tiene escaleras para subir, tiene uno que ir a dar la vuelta hasta allá por donde fue el accidente”, relata una de las vecinas, quien admite que ante la dificultad y la inseguridad de la estructura, terminan “pasando corriendo” por la carretera.
La demanda es específica: una estructura inclusiva. “Necesitamos un puente como el que está en la Prepa Uno, porque ese no tiene escalones sino rampas. Lo pueden pasar las personas de la tercera edad”, señalan los vecinos, destacando que gran parte de la población en estas colonias son adultos mayores.
Manejar en Tuxtla Gutiérrez se ha convertido en un reto ante el incremento del parque vehicular y la cifra de fallecimientos por accidentes, pero la solución va más allá de sanciones. Reparar los daños o imponer multas no es una solución real, se requiere un sistema de movilidad entero que involucre tanto acciones ciudadanas como atención gubernamental, pues de no cambiar el rumbo, alguien de los tuyos podría ser el siguiente.
