Durante décadas, la arqueología mexicana se ha centrado en los grandes monumentos y las élites gobernantes. Sin embargo, una investigación liderada por el Dr. Roberto López Bravo, arqueólogo de la Unicach, está utilizando un material aparentemente modesto para cambiar esta perspectiva: la obsidiana.
Dado que la obsidiana no existe naturalmente en Chiapas, su presencia en sitios como Palenque; Tenam Puente; Chiapa de Corzo y Suchiapa, es la prueba irrefutable de una sofisticada red de importación.
El análisis de la distribución de la obsidiana ha permitido a los investigadores entender la desigualdad en la época prehispánica, demostrando que no todos los asentamientos tenían el mismo acceso a estos recursos vitales, creando claras relaciones de dependencia entre productores y consumidores.
“No a todos les llega lo mismo, no a todos les llegan las mismas cantidades y eso nos permite entender también la desigualdad en la época prehispánica. Y algo que nos interesa mucho es entender cómo estos diferentes lugares en los que no se produce, se relacionan con otros en los que sí se producía, es decir, las relaciones de dependencia” Señaló Roberto.
Este vidrio volcánico ha revelado que Chiapas no fue simplemente un lugar de paso, sino un complejo nodo comercial donde la distribución de herramientas cotidianas dictaba las relaciones de poder y desigualdad hace más de un milenio.
