Durante una hora el mercado se llenó de vida.
Algunos locales repartieron entre 100 y 200 vasos de pozol de manera gratuita.
Desde muy temprano, el Mercado Juan Sabines comenzó a transformarse. Entre flores y maíz, las pozoleras alistaron sus espacios, no solo para vender, sino para celebrar el día de la bebida más emblemática de Chiapas.
Con paciencia y fuerza iniciaron con el el batido del pozol.
Kilos de masa de maíz, agua, hielo y técnica que da vida a esta bebida tradicional.
Poco antes del mediodía, todo estaba listo y la expectativa creció entre quienes ya esperaban su turno. En punto de las 12, comenzó la llamada “Hora del Pozol”.
Durante una hora, entre tambor y carrizo, el mercado se llenó de vida.
Algunos locales repartieron entre 100 y 200 vasos de pozol de manera gratuita, provocando que decenas de personas se aglutinaran para refrescarse y ser parte de la celebración.
Familias, jóvenes y visitantes se sumaron a esta fiesta. El calor del centro de Tuxtla encontró alivio en cada sorbo, mientras la tradición se compartió de mano en mano.
El Día del Pozol reafirmó que en Chiapas, las tradiciones no solo se conservan, también se viven, comparten y disfrutan.
