Esta danza sólo se ejecuta una vez al año, convirtiéndose en una de las expresiones culturales más importantes del pueblo zoque.
Cada año, con la llegada de las primeras lluvias, una antigua tradición zoque vuelve a recorrer las calles del centro de Tuxtla Gutiérrez. Se trata del Nas etzé, conocido también como el baile de la tierra, una manifestación cultural que celebra la fertilidad, la abundancia y la relación de los pueblos originarios con la naturaleza.
Los danzantes portan sonajas que evocan las semillas del campo y realizan zapateados y movimientos que representan el trabajo agrícola. La danza simboliza el momento en que la tierra se prepara para recibir la siembra y dar paso a las futuras cosechas.
Entre los elementos más llamativos destacan los animales del campo que acompañan a los participantes, así como un ritual que se realiza al concluir la danza, relacionado con la reproducción y la continuidad de la vida, reflejando el profundo vínculo de esta tradición con los ciclos naturales.
Aunque sus raíces son anteriores a la llegada de los españoles, la tradición fue vinculada con la celebración católica de Corpus Christi. Por ello, esta danza sólo se ejecuta una vez al año, durante el jueves de Corpus, convirtiéndose en una de las expresiones culturales más importantes del pueblo zoque.
