Se traslada 16 Km. dos veces al día para vender sus productos
De lunes a viernes, Flor de María Domínguez Pérez se traslada 16 kilómetros dos veces al día, de Chiapa de Corzo a Tuxtla Gutiérrez, y viceversa, para vender nuegaditos y panes tradicionales en las calles de la capital.
Sus ojos han perdido gran parte de su visión, mas no la luz de esperanza por salir adelante y hacer frente a los retos a los que se enfrenta día a día.
“A veces me he caído porque como no veo con esta vista, solo con una, a veces me hace sombra, tengo que caminar con cuidado. Pues ahí lo voy pasando poco a poco, con la ayuda de Dios, que él nunca nos desampara cuando nosotros ponemos la confianza en él y hacemos las cosas bajo el temor de Dios”, señaló.
Su salud se ha mermado con el paso del tiempo, y pese a que su voluntad y su fe son inquebrantables, en ocasiones debe frenar pues las enfermedades la imposibilitan de realizar su dinámica rutina.
“Los días que me levanto mal de salud, no quiero nada, estoy acostada y ya me levanto, hago mi dobladita de queso o veo qué voy a comer y me lo paso ahí en la casa. Mero Chiapa de Corzo. Sí, a veces que me pongo muy mal, me internan aquí en este 12 camas que está ahí en Chiapa de Corzo. Ahí y sí me atienden bien. Me ponen mi medicamento, cuando no hay me dan la receta para que yo lo compre”, detalló.
Flor de María tiene 63 años de edad, y lleva 30 de ellos dedicada a salir a las calles a vender sus nuegaditos y panes tradicionales. Aunque su trabajo le brinda felicidad, reconoce que cada vez es más cansado realizarlo, sin embargo, agradece a Dios que le da las fuerzas diariamente para salir adelante.
“A las 6:00 de la mañana. Como le digo, el negocio es variable. Veces termino luego y veces ya termino tarde. Veces llego a las 4, veces a las 5, veces a las 3, así es variable. Ya ve que el negocio es así. Es cansado, es cansado. Ay, alegría y gratitud y le digo a mi padre, “Gracias, porque tú nunca dejas abandonado tus hijos”. No. Yo doy gracias a Dios en todo”, remarcó.
